La reclusa más temida de la prisión decidió humillar a la recién llegada, quitándole la comida delante de todas las internas
El primer día que llegué al pabellón, una mujer dejó caer su taza al verme. No fue una reacción normal. Las demás internas dejaron de hablar. Una de ellas incluso se levantó y salió del comedor sin terminar su desayuno. Yo no entendía nada. Llevaba apenas unas horas en aquella prisión y todavía intentaba memorizar…