Esa sensación de tener algo pegado en la garganta puede resultar desesperante. Intentas aclararte la voz, toses, tragas saliva y, aun así, parece que la molestia continúa. La flema puede aparecer durante un resfriado, después de una infección respiratoria, por alergias o incluso por la irritación causada por el humo, el polvo y otros factores ambientales.
En la mayoría de los casos, la mucosidad cumple una función importante: proteger las vías respiratorias. El problema aparece cuando se produce en exceso, se vuelve espesa o permanece durante demasiado tiempo, provocando carraspeo, tos y sensación de congestión.
La buena noticia es que existen algunas medidas sencillas que pueden ayudar a que la mucosidad sea menos espesa y resulte más fácil de expulsar.
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1. Bebe suficiente líquido
Una de las medidas más sencillas es mantener una buena hidratación. Cuando el organismo recibe suficiente líquido, las secreciones pueden mantenerse menos espesas, lo que facilita su desplazamiento y expulsión.
No necesitas recurrir a bebidas especiales. El agua puede ser suficiente. También puedes optar por bebidas calientes si resultan agradables para tu garganta.
Las infusiones de hierbas pueden proporcionar una sensación reconfortante, aunque no deben considerarse una cura para la causa de la flema.
2. Las bebidas calientes pueden aliviar la molestia
Una taza de agua tibia, té o una infusión puede ayudar a mantener húmeda la garganta y proporcionar alivio temporal cuando existe irritación.
La miel también puede ser útil para calmar la garganta y reducir la tos en determinadas personas. Si decides utilizarla, recuerda que no debe darse a bebés menores de un año.
Puedes preparar una bebida tibia con miel y limón si te resulta agradable, pero no es necesario añadir grandes cantidades de ingredientes para obtener alivio.
3. Aprovecha el vapor de una ducha caliente
El aire húmedo puede resultar reconfortante cuando las vías respiratorias están irritadas o congestionadas. Una ducha caliente puede ayudar a humedecer las secreciones y hacer que la sensación de congestión sea menos intensa.
No es necesario acercar el rostro a recipientes con agua hirviendo. De hecho, hacerlo puede provocar quemaduras, especialmente en niños.
También conviene tener cuidado con los aceites esenciales. Aunque algunas personas disfrutan de su aroma, no deben considerarse un tratamiento para eliminar la flema y pueden irritar las vías respiratorias en determinadas personas.
4. Haz gárgaras con agua tibia y sal
Cuando la molestia está principalmente en la garganta, las gárgaras con agua tibia y sal pueden proporcionar alivio temporal.
Una preparación sencilla consiste en disolver aproximadamente media cucharadita de sal en un vaso de agua tibia. Después puedes hacer gárgaras durante unos segundos y escupir el líquido.
Esta medida puede ayudar a aliviar la irritación, aunque no elimina por sí sola la causa de una producción excesiva de mucosidad.
5. Mantén el ambiente adecuadamente húmedo
El aire excesivamente seco puede aumentar la sensación de irritación en la nariz y la garganta. Por eso, si el ambiente de tu habitación es muy seco, utilizar un humidificador puede resultar útil.
Si utilizas uno, es importante limpiarlo siguiendo las instrucciones del fabricante. Un humidificador sucio puede acumular microorganismos y partículas que terminen empeorando los síntomas respiratorios.
No es necesario mantener una humedad excesivamente alta. Lo importante es encontrar un nivel confortable y evitar que el ambiente sea demasiado seco.
6. Evita el humo del cigarrillo
El humo del tabaco puede irritar las vías respiratorias y favorecer la tos y la producción de secreciones.
Incluso si no fumas, la exposición al humo de otras personas puede resultar irritante. Por eso, cuando tienes flema o tos, intenta mantenerte alejado del humo del cigarrillo, vaporizadores y otros irritantes.
También conviene reducir la exposición a polvo, contaminación, perfumes muy intensos y productos que puedan desencadenar irritación.
7. Si tienes alergias, identifica los desencadenantes
La congestión nasal y el goteo posnasal pueden hacer que sientas mucosidad constantemente en la parte posterior de la garganta.
El polvo, el polen, los ácaros y otros alérgenos pueden desencadenar estos síntomas en personas sensibles.
Mantener limpia la habitación, lavar regularmente la ropa de cama y reducir la exposición al desencadenante conocido puede ayudar.
Si las alergias son frecuentes o afectan tu calidad de vida, un profesional de salud puede determinar qué tratamiento es apropiado.
8. No necesitas eliminar determinados alimentos sin motivo
Existe la creencia de que los productos lácteos provocan una producción excesiva de flema. Sin embargo, la sensación de tener más mucosidad después de consumirlos no significa necesariamente que el organismo esté produciendo más moco.
Por eso, no es necesario eliminar grupos completos de alimentos simplemente porque hayas escuchado que “producen flema”.
Lo más importante es observar qué alimentos te provocan molestias concretas y mantener una alimentación equilibrada.
9. Aprende a expulsar la mucosidad sin irritar la garganta
Cuando hay flema, muchas personas comienzan a carraspear constantemente. El problema es que hacerlo repetidamente puede irritar todavía más la garganta.
En lugar de forzar la garganta una y otra vez, puedes intentar respirar profundamente y realizar una tos controlada cuando sientas que la mucosidad está lista para salir.
Beber agua después también puede ayudar a mantener la garganta húmeda.
10. Duerme con la cabeza ligeramente elevada
Si la congestión o el goteo nasal empeoran durante la noche, dormir con la cabeza un poco elevada puede resultar más cómodo.
También es importante tratar de respirar por la nariz siempre que sea posible. La nariz ayuda a filtrar, calentar y humidificar el aire antes de que llegue a las vías respiratorias.
Si tienes la nariz constantemente bloqueada, conviene investigar la causa en lugar de limitarse a tratar la flema.
¿Cuándo la flema puede ser una señal de algo más?
La presencia de flema no significa automáticamente que exista una infección grave.
Su color tampoco permite determinar por sí solo si una infección es bacteriana o si necesitas antibióticos. Durante algunas infecciones respiratorias, la mucosidad puede cambiar de color debido a la respuesta del sistema inmunitario.
Sin embargo, hay situaciones en las que conviene consultar con un profesional.
Presta especial atención si la flema dura varias semanas, aparece sangre, tienes fiebre persistente, dolor importante en el pecho, dificultad para respirar, pérdida de peso inexplicable o una tos que empeora en lugar de mejorar.
Si tienes dificultad importante para respirar, dolor intenso en el pecho o estás expulsando una cantidad considerable de sangre al toser, busca atención médica urgente.
La clave está en conocer la causa
La flema es una respuesta normal del organismo y, en muchas ocasiones, desaparece conforme mejora el resfriado o la irritación que la provocó.
Mantenerse hidratado, evitar el humo, controlar las alergias, mantener un ambiente confortable y utilizar medidas sencillas para aliviar la irritación puede hacer que estos días sean mucho más llevaderos.
Pero si la mucosidad persiste, se repite constantemente o aparece acompañada de otros síntomas importantes, no conviene limitarse a buscar remedios caseros. En esos casos, conocer la causa es mucho más importante que intentar eliminar el síntoma rápidamente.
Escuchar al cuerpo no significa preocuparse por cada pequeña molestia. Significa reconocer cuándo algo es pasajero y cuándo merece una evaluación.
Porque a veces una simple flema desaparece en unos días, pero cuando permanece durante demasiado tiempo, puede estar indicando que existe una causa que necesita atención.