Los acertijos visuales tienen una particularidad que los hace tan adictivos: muchas veces creemos haber encontrado la respuesta en cuestión de segundos, pero cuando observamos la imagen con más atención descubrimos que quizá estábamos mirando el lugar equivocado.
En Internet circulan constantemente desafíos de este tipo. Algunos consisten en localizar un objeto oculto, otros exigen encontrar una diferencia casi imperceptible y algunos utilizan conocimientos de lógica o anatomía para poner a prueba nuestra capacidad de observación.
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El reto que estás a punto de ver pertenece precisamente a esta última categoría.
En la imagen aparecen dos esqueletos sentados uno frente al otro. Los dos parecen prácticamente iguales. Están alrededor de una mesa, tienen una taza delante y mantienen una postura muy parecida.
Pero existe una pregunta que cambia por completo la forma de mirar la ilustración:
¿Cuál de los dos esqueletos representa a una mujer: A o B?
Antes de conocer la explicación, observa la imagen durante unos segundos. No te apresures. Intenta identificar algún detalle que pueda darte una pista.
📌 IMPORTANTE: El video relacionado con este reto lo encontrarás al final del artículo.
La respuesta podría estar en una parte que casi nadie observa primero
Cuando vemos un esqueleto, normalmente nuestra atención se dirige hacia el cráneo.
Es lógico. Es la estructura más reconocible y la primera que solemos utilizar para intentar diferenciar las figuras.
Sin embargo, cuando especialistas estudian restos humanos con fines antropológicos o forenses, una de las zonas que puede proporcionar información especialmente útil es la pelvis.
¿Por qué?
Porque existen diferencias promedio en la estructura de la pelvis masculina y femenina.
Estas diferencias están relacionadas, entre otros factores, con la anatomía reproductiva y las adaptaciones asociadas al embarazo y al parto.
La pelvis femenina suele presentar determinadas características que, en conjunto, pueden ayudar a los especialistas a realizar una estimación del sexo biológico.
Pero hay un detalle fundamental:
No existe una sola característica que permita determinarlo con absoluta certeza en todos los casos.
La pelvis puede revelar más de lo que parece
Cuando observamos un esqueleto en un reto de Internet, quizá solo pensamos en sus huesos como piezas de una figura.
Para un especialista, sin embargo, cada estructura puede aportar información.
La forma general de la pelvis, la amplitud de la abertura pélvica y determinadas características de los huesos que la forman pueden ser analizadas y comparadas.
De manera general, una pelvis femenina tiende a ser más amplia y presentar ciertas diferencias anatómicas respecto a una pelvis masculina.
Pero estas son tendencias estadísticas, no reglas absolutas.
Los cuerpos humanos presentan una enorme diversidad.
Por eso, una persona especializada en antropología forense no debería sacar una conclusión basándose únicamente en que una pelvis parece más ancha o estrecha.
Se analizan múltiples características y, dependiendo del caso, también pueden utilizarse otros métodos.
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¿Y qué ocurre con el cráneo?
El cráneo también puede proporcionar información.
Existen determinados rasgos que, estadísticamente, pueden presentar diferencias entre esqueletos masculinos y femeninos.
Entre ellos pueden estudiarse características relacionadas con la mandíbula, la región sobre los ojos, la robustez de algunas estructuras y la forma general del cráneo.
Sin embargo, nuevamente aparece la misma advertencia.
Ningún rasgo aislado debería utilizarse como una prueba definitiva.
La variación natural entre individuos puede ser considerable.
Una mujer puede presentar algunas características consideradas más robustas y un hombre puede tener una estructura ósea menos marcada.
Por esta razón, la antropología utiliza un conjunto de indicadores y métodos para realizar estimaciones.
El dibujo puede engañarte
Aquí es donde el reto se vuelve interesante.
La imagen no es una fotografía científica ni representa necesariamente un análisis antropológico real.
Se trata de una ilustración creada para entretener.
Eso significa que determinados elementos pueden estar exagerados deliberadamente para que exista una respuesta o para dirigir nuestra atención hacia una determinada zona.
Tal vez el artista colocó una pista evidente en la postura.
Quizás existe una diferencia en las proporciones.
O puede que el verdadero detalle esté en una zona que normalmente ignoramos.
Precisamente esa incertidumbre es lo que hace que muchas personas vuelvan a observar la imagen una y otra vez.
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No es lo mismo sexo biológico que género
Existe además una precisión importante que suele perderse cuando estos acertijos se comparten en redes sociales.
La pregunta del reto habla de “cuál es una mujer”, pero desde el punto de vista de la antropología forense es más apropiado hablar de una estimación del sexo biológico a partir de restos óseos.
Los huesos pueden aportar información sobre determinadas características biológicas de una persona.
Pero un esqueleto no puede revelar por sí solo su identidad de género, personalidad, historia de vida o muchos otros aspectos de quien fue esa persona.
Por eso, en un contexto científico, conviene utilizar los términos con precisión.
¿Se puede saber realmente solo mirando?
En un dibujo como este, no necesariamente.
Aunque una ilustración pretenda representar diferencias anatómicas, no podemos asumir que sus proporciones sean científicamente exactas.
La situación sería muy diferente en un laboratorio o durante una investigación forense.
En esos casos, especialistas examinan cuidadosamente los restos disponibles, realizan mediciones y comparan diferentes características.
También pueden considerar factores como la edad aproximada y el estado de conservación de los huesos.
Cuando es necesario y posible, otras técnicas científicas pueden complementar la información obtenida mediante el análisis del esqueleto.
Por eso, resolver este acertijo no equivale a realizar una identificación antropológica real.
¿Por qué nuestro cerebro cae fácilmente en estos retos?
Existe una razón psicológica sencilla.
Cuando alguien nos dice que hay una diferencia escondida, inmediatamente comenzamos a buscarla.
Nuestro cerebro dirige la atención hacia elementos que parecen relevantes y empieza a comparar las dos imágenes.
El problema es que el creador del reto sabe exactamente eso.
Puede colocar varios detalles que parecen importantes para distraernos.
Quizás miramos las manos.
Después observamos los pies.
Luego el cráneo.
Finalmente regresamos a la pelvis.
Y durante todo ese tiempo podemos estar pasando por alto la pista principal.
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La velocidad no demuestra inteligencia
Muchos acertijos de Internet utilizan frases como:
“Solo las personas inteligentes pueden resolverlo”.
Pero encontrar rápidamente una diferencia visual no constituye una medida científica de inteligencia.
La percepción visual es solamente una de las muchas capacidades cognitivas que tenemos.
Una persona puede ser excelente resolviendo problemas matemáticos y tardar bastante en encontrar una diferencia en una imagen.
Otra puede tener una gran capacidad de observación y resolver rápidamente este tipo de desafíos.
Por eso, lo mejor es tomarlos como lo que son:
un juego para entretenerse y ejercitar la atención.
Una simple imagen puede despertar curiosidad por la ciencia
Aunque el reto tenga una finalidad principalmente recreativa, también puede servir para descubrir algo interesante sobre el cuerpo humano.
La antropología forense demuestra que los restos óseos pueden proporcionar información valiosa.
A partir del análisis de determinadas estructuras, los especialistas pueden realizar estimaciones relacionadas con características biológicas, edad, estatura y otros aspectos, dependiendo de las condiciones de los restos.
Esto requiere conocimientos especializados y métodos científicos.
No basta con observar un hueso durante unos segundos.
Ahora vuelve a mirar a los dos esqueletos
Después de conocer toda esta información, regresa a la imagen.
Esta vez intenta no dejarte llevar por los detalles más llamativos.
Comienza por observar la zona de la pelvis.
Compara la estructura de ambos esqueletos.
Fíjate en las proporciones y en cualquier diferencia que parezca haber sido colocada deliberadamente por el ilustrador.
Después puedes revisar el cráneo y el resto del cuerpo.
¿Tu respuesta sigue siendo la misma?
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Entonces, ¿A o B?
Y llegamos al momento que probablemente estabas esperando.
La realidad es que un dibujo de este tipo no permite realizar una determinación científica confiable del sexo de los esqueletos, a menos que las características hayan sido diseñadas de manera anatómicamente precisa.
Por eso, si el reto tiene una respuesta concreta, esta debe entenderse como la solución pretendida por el creador de la ilustración y no como una conclusión médica o forense.
Lo verdaderamente interesante es descubrir qué pista utilizaste para llegar a tu respuesta.
Quizás observaste la pelvis.
Tal vez encontraste una diferencia en el cráneo.
O quizá el dibujo escondía una pista completamente distinta.
Un reto sencillo con una lección interesante
Los acertijos visuales pueden parecer simples, pero muchas veces consiguen que aprendamos algo nuevo.
En este caso, una pregunta tan sencilla como “¿cuál de los dos esqueletos es una mujer?” puede llevarnos a conocer la importancia de la pelvis en la antropología forense, las diferencias anatómicas promedio entre individuos y las limitaciones que existen al interpretar restos humanos.
También nos recuerda algo importante:
ver no siempre significa comprender.
A veces necesitamos detenernos, observar con atención y cuestionar nuestra primera impresión.
Así que mira nuevamente la imagen, compara ambos esqueletos y toma tu decisión final.
¿Cuál eliges: A o B?
Ahora que conoces la pista anatómica más importante, quizá tu respuesta sea diferente a la que diste al principio.
Y si acertaste, la pregunta es todavía más interesante:
¿qué detalle fue el que te permitió descubrirlo?